…Y más allá 2003 galería CUATRODIECISIETE Madrid
No es tan extraño que este universo te pregunte un día la edad que tiene, anda di una cifra. Así, a lo burro, lo calculan en apenas 13.500 millones de años de edad. Pero todavía se está desarrollando, claro. Por eso intuimos que habrá algo más. Si quieres puedes hacer como yo, y verás que el origen está en el final. Un día s a  l   t    é      muy despacio, muy. Fue un suave golpe. No temas, sólo notarás una inhalación profunda. Tal vez como una pastilla de Fisherman Friend. Luego una lenta aceleración…un vértigo que te lleva, casi sin empujar, pero no exactamente como nos parece que los astronautas se alejan de la tierra. Y aunque crees intuir lo lejos que estás, y te aseguro que lo es y mucho (que de poco sirve esta palabra), te estarás deslizando tranquilamente. La luz entonces se expande rápidamente, extrayendo la esencia de las cosas. Lo que más recuerdo son las plantas. Flores, hojas, semillas. Colores, formas, texturas, olores. Quizá porque son las que más se acercan a su propia síntesis. Como los niños, que aparecen en todos los puntos del ciclo (y olvídate de kubrick). Verás como lo que permanece se va transformando, la mayoría desaparece. Yo, por un momento, miré hacia atrás y vi que otras personas seguían mis pasos, las huellas que no marcaba en la luz. Que se alejaban de ti, que te veían desaparecer (salvo que lector-mirón seas una planta o un niño). Por eso te digo que este universo nuestro está sin hacer, aún le queda bastante para ser generador de otros universos. Pero no son sólo las cosas de tu alrededor las que se moverán, tú también irás avanzando a los inmensos espacios de luz que se abren a cada paso. Es como atravesar las deliciosas telas que pinta Belén Gonzalo. Pero no creas que eres tú el que va construyendo todo. Parece que ha estado siempre ahí y, aún siendo el compendio de todo lo que existe o ha existido, está inmaculado. Como la nieve crujiente o la quietud del agua de la piscina que te encanta romper. Verás que curioso es el movimiento. Notar como no es dirigido por ningún miembro de tu cuerpo en especial. Una vez será el pie izquierdo, otra el codo derecho, un pecho, el costado…Ciertamente puedes creer que eres una ameba disfrutando en su medio. Y ese medio construido sobre la base de todas las cosas, no es sólo albor, sino que a cada paso, bocado, codazo o patada te devuelve el sabor, el recuerdo, el sueño de todo lo que fueron y así, serán. Es lo que más se parece a la eternidad. Obviamente lo estropea el tiempo. Yo entonces, me sentí como aquel que encuentra y, tras una larga exhalación, me repartí en negro sobre tríptico. Y mi espacio que llegó a alcanzar el infinito, quedó limitado a tus manos.
Enrique García de Francisco